
El sábado estuve (no vestido como Arnold, claro) en la II Feria de Ilustración Infantil y Juvenil que organizó la Biblioteca de Santiago, a modo de cierre del Mes de la Ilustración y Cómic. Es la segunda versión que se realiza de esta feria, y si bien no pude asistir a la primera, creo que logré ponerme al día en algunas cosas.
Entre los exponentes estuvieron "Pepe" Díaz, quien dibuja "Petit Bouché" para
Harakiri Manga, Tamara Vergara, una buena amiga mía que maneja demasiado bien los lápices a la hora de dibujar, y profesora del Taller de Manga que se realizó durante el mes de junio en la misma biblioteca, y Coke Farías, autor de
Kael Comic. Esto en la sala juvenil, ya que en la sala infantil estaban Miguel Ortíz y otros.
Su servidor estaba en la sala juvenil como uno de los concurrentes, aunque debo decir que estaba más a la espera de la clínica de ilustración de Juan Vásquez. Si se hizo o no, no supe dónde fue o a qué hora, ya no fui. La cosa es que, viendo las mesas de los expositores, me puse a conversar con algunos. Con Pepe Díaz traté de entablar una pequeña discusión, y aproveché de consultarle respecto a algunos detalles en dibujo, pero creo que no conseguí sacar mucho de ello. Lamentablemente no logré una conexión con él o su trabajo.
El que seguía era Coke Díaz. Para ser franco, no conozco nada de sus trabajos. Soy pésimo a la hora de hablar de cómic chileno, ya que lo mío va hacia una investigación del mismo a medida que voy encontrándolo. Sin embargo, y luego de meterme a una conversación de cómics, me puse a preguntar sobre algunos puntos importantes de dibujo y, por ende, de la producción.
Entre esos puntos, sacamos de común acuerdo el gusto por el medio tradicional: entiéndase, tradicional en cuanto a técnicas tradicionales de dibujo, no temáticas o enfoques. Me habló también acerca de lograr posicionarse como un referente cultural para los demás, de modo que, similar al caso del Chavo del 8, Condorito, entre otros, tu trabajo sea asimilado como parte de un grupo o sociedad (según yo saqué en limpio). Por otra parte, abordamos el tema de las editoriales, y me contaba que, para él, en Chile no existe un buen espacio para las misma, o las que hay generalmente son bastante limitadas. Tristemente, el negocio del cómic en Chile es bastante menospreciado, y ante un ejemplar de un dibujante "X" y un JLA, lógicamente el comprador se va por lo conocido. No hay de ninguna manera un estímulo por el trabajo nacional, lo cual obliga a mirar hacia afuera y buscar editoriales en Norteamérica o Europa. Salvo contados casos, a las nuevas generaciones por lo general no se las pesca, y menos aún en un país donde se sigue pensando en que los cómics son para cabros chicos o para ñoños.
Luego de conversar otras cosas, me regaló uno de los números de
Kael Cómic (firmado incluso), refiriéndose a eso como "una manera de publicitar más el sitio web".
En resumen, un gran evento, y si bien opino no fue tan masivo, considero que el ambiente generado era el mejor. La pasé excelente.